Coquetear con el aislamiento
Por Andrew Nagorski

Durante las elecciones de medio periodo, los candidatos obviaron casi por completo el tema de la política exterior. Ni siquiera las guerras en Afganistán e Irak despertaron gran interés. En un periodo de inquietud económica y desengaño con el liderazgo del presidente Barack Obama, la agenda nacional fue el foco de todas las campañas. Pero no se engañe: persiste un debate subyacente que puede impactar profundamente en la visión mundial de Estados Unidos. Y tampoco suponga que las divisiones en estos temas estén siempre claramente definidas según los criterios de cada partido.

Algunos demócratas y republicanos describen los males del mundo en términos espeluznantemente parecidos y ahora que los republicanos controlan la nueva Cámara de Representantes, mientras que los demócratas tienen las riendas del Senado, podríamos ser testigos de algunas alianzas sorprendentes. No faltarán las inevitables contiendas. Los rusos temen, con justificada razón, el destino del nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, suscrito en abril pasado por Obama y el presidente ruso, Dmitry Medvedev. La causa es que la administración estadounidense necesita el apoyo de 67 senadores para ratificar el acuerdo en la sesión del segundo y último periodo presidencial; si no consigue su objetivo, este elemento crítico para las “restauradas” relaciones binacionales podría conducir a una tragedia. Del mismo modo, la republicana de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen –representante por Florida y posible sucesora de la jefatura del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja- podría pisar el freno de cualquier esfuerzo de Obama para relajar las sanciones contra la isla caribeña. Y no sólo eso, Ros-Lehtinen y otros republicanos también se han pronunciado en contra de reducir el apoyo estadounidense para Israel.

Aun cuando demócratas y republicanos hablen al unísono, el fenómeno no siempre produce buenos resultados políticos. Durante sus campañas, los demócratas (vinculados con sindicatos comerciales y favorables al proteccionismo) atacaron a los republicanos por sus relaciones empresariales con China. El líder de mayoría senatorial, Harry Reid, la emprendió contra su opositora en la “Fiesta del Té”, Sharron Angle, por promover “la subcontratación en China e India”. Por su parte, el republicano John Boehner (presunto presidente de la Cámara) embistió a Obama argumentando que su paquete de estímulos había “enviado plaza de trabajo a China en vez de crearlas en casa”.

En resumen, una retórica poco edificante en ambos frentes. En lo único que concuerdan la izquierda y la derecha es que Estados Unidos parece encontrarse a la deriva. George W. Bush fue acusado de impulsar políticas unilaterales que polarizaron al país con respecto del mundo, mas Obama parece inseguro de lo que quiere hacer para cambiar la impresión de que la época dorada de Estados Unidos es ya cosa del pasado. Incluso sus simpatizantes más entusiastas lo han visto equivocarse en cada uno de sus actos. Muchos republicanos argumentan que Obama ha abandonado la idea del “excepcionalismo estadounidense”. A principios de año, Howard P. “Buck” McKeon (republicano por California) declaró que anhela “la época en que un presidente estadounidense proclamó por todo el mundo que Estados Unidos es una ‘reluciente ciudad en la colina’” y de hecho, acusa a Obama de haber adoptado una “visión declinista”.


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